Ser madres con lo que tenemos.

Con nuestros traumas.

Nuestras infancias heridas.

Nuestras miserias y nuestros miedos.

Con nuestras historias familiares de horror y misterio.

Nuestras rabias y nuestras fobias.

Nuestras imperfecciones.

Nuestros kilos de más.

Nuestros pesos de menos.

Nuestros trabajos alimenticios, de supervivencia.

Nuestras mañanas desquiciadas.

Nuestros gritos y nuestras lágrimas.

Nuestras madres niñas. Nuestras suegras brujas.

Nuestras cicatrices.

Nuestras enfermedades.

Nuestros pueblos feos.

Nuestros vecinos ruidosos.

Nuestros políticos estúpidos, corruptos, repugnantes.

Nuestras escuelas decimonónicas, tristes, cuadriculadas.

Nuestros maridos trabajadores, intentando ser hombres, amantes, amables, y no morir en el intento.

Nuestros divorcios.

Nuestro estrés.

Nuestros años.

Nuestra soledad.

Nuestros partos robados, anestesiados, maltratados.

Nuestras lactancias agrietadas, dolorosas, imposibles.

Nuestra neurosis.

Con este mundo asfixiante que no está diseñado para tener hijos y no lo pone nada fácil, pero los niños son lo único que lo hace más habitable, más esperanzador.

Ser madres como podemos.

Ése es el mérito.

Ileana Medina Hernández

Mother Art2 logo

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Archivado bajo Espíritu Guerrero, Feminidad, Literatura, Madre

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