Vulgaridad a la moda.

Por LESLIE DÍAZ MONSERRAT, periodista cubana.

La vida corre.  Las tecnologías impusieron su propio compás acelerado. En un año el mercado renueva conceptos, tecnologías, aplicaciones y los aparatos se suceden unos tras otros, en una carrera sin fin hacia la perfección miniaturista.

En este escenario mandan las modas. La imagen se erige como la carta de presentación del hombre posmodernista. La gente tiene sed de novedad y por ello imita los patrones de vida  impuestos por la Industria Cultural.

Cuba también es parte de esta dinámica de consumo de bienes culturales y, aún sin proponérselo, importa conceptos impregnados de banalidad, los cuales se transmiten, como una epidemia, entre los  jóvenes y adolescentes. 

Muchos de ellos, en aras de parecer modernos o chic, se construyen una imagen vulgar, la cual acompañan de comportamientos inadecuados. Pasan el día atados a su celular y como resultado asumieron el dialecto SMS. Casi no se entiende lo que dicen. Parecería que renunciaron al lenguaje de Cervantes, aunque sueltan, a viva voz y en cualquier lugar, un ensarte de malas palabras. 

Ellos son los jóvenes modernos: los amantes de la música electrónica, los nacidos y criados en la era del video juego. Viven con el afán de cambiar cada cierto tiempo sus IPhones, Computadoras, memorias flash. No tienen sentido del límite. A las señoras mayores les dicen pura, y a las cuarentonas tías. Desconocen las bondades del silencio en los lugares públicos. Olvidaron palabras como las gracias y las buenas tardes. 

Siempre visten al último grito de la moda. Sus gafas Ray Ban, la ropa de marca, y su peinado al estiloYonky. Las mujeres adoran sus shorts cortos y los usan para todas las ocasiones. Hasta protestan cuando los empleados del teatro les impiden la entrada por su vestimenta.Ahora, a la vulgaridad se le confunde con el swing y para estar a la moda hay que asumir patrones irreverentes, esos que se preconizan entre los pandilleros de los barrios bajos de Nueva York. 

Las mujeres modernas casi nunca exigen flores en sus encuentros amorosos, pero se derriten con una canción de reguetón, en cuya letra se pueden encontrar palabras tan “románticas” como perra, zorra, mamita… El hombre que pide permiso, está chapado a la antigua y cualquier gesto de galantería parece propio del siglo XVI. 

El fenómeno traspasa el mundo farandulero. Una película cubana que se “respete” precisa de unas cuantas groserías  en su guión, eso sin hablar de las escenas de sexo duro, las cuales rozan con la pornografía, aunque muchos las resguarden bajo el cómodo concepto de arte. Por otro lado, algunas maestras bien jóvenes reciben a sus alumnos con el vestuario inadecuado y al regañarlos usan unas cuantas palabras prohibidas por la Real Academia de la Lengua Española. 

La vida corre y lo hace tan de prisa que las buenas costumbres y las normas de educación no logran alcanzarla. Con tantas tecnologías, los jóvenes no pueden pensar con claridad y ahora desaprenden a hablar. Al parecer, la vulgaridad está en onda y la quieren vestir con las ropas de lo moderno. A cada momento el mercado anuncia un nuevo invento. Sobran aplicaciones, modelos de cell phone, estilos de uñas acrílicas. Los dandis de hoy, dejaron de ser los chicos ilustrados del siglo XIX. 

La gente no tiene tiempo para percatarse de las esencias, ni siquiera para comprender las abismales diferencias entre las modas, lo sofisticado y la vulgaridad. La vida corre ¡Qué lástima!

tv

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