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Entrevista a María del Prado Esteban: “Tenemos un deber histórico de reconstruir nuestra Feminidad”.

Prado Esteban es una escritora y militante española que ha tomado la responsabilidad de denunciar el Feminismo de Estado, develar la verdad sobre el pasado de la mujer y llevar un mensaje revolucionario anti-sistema a las mujeres de habla hispana en el mundo. Es  autora del libro “Feminicidio o autoconstrucción de la mujer”, en el cual revisa el supuesto “sometimiento” de la mujer del cual nos habla la historia y el blog “Mujer, verdad y revolución integral” donde expone algunas de sus investigaciones sobre feminidad, maternidad, sexualidad, feminismo y política. ARTEMISAS la ha entrevistado y éste es el resultado de nuestro intercambio.

1) ¿Por qué estás en contra del feminismo?

 Yo estoy contra el Estado y su ensanchamiento permanente, estoy en contra de la tutela institucional de las mujeres, en contra de la biopolítica, sea ésta natalista como antaño o antinatalista como ahora, en contra de la apología del trabajo asalariado, en contra de la mercantilización de los cuidados y de las necesidades vitales de las personas. Estoy en contra del sexismo sea éste misógino o androfóbico, en contra del enfrentamiento entre las mujeres y los hombres, en contra de la violencia intersexual, en contra de la derivación de la energía femenina hacia la empresa, el Estado y el ejército, en contra del complejo de inferioridad femenino, en contra del victimismo y el resentimiento de grupo o de clan. Estoy en contra de que existan leyes especiales para “proteger” y “privilegiar” a las mujeres a cambio de obediencia, estoy en contra de la destrucción planificada de las instituciones horizontales de convivencia para hacer emerger fórmulas burocráticas de encuadramiento dignas de las peores distopías, en resumen, quien defienda estas nocividades me encontrará enfrente.

Hoy el feminismo dominante defiende ese programa porque es una pura excrecencia del poder, sobrevive únicamente porque es subvencionado y protegido por las instituciones, es, en realidad, una parte más de los órganos de gobierno de la sociedad, cualquiera que se sienta miembro del pueblo, amante de la libertad, defensor de la condición humana tiene que estar en contra de esa ideología destructiva e inicua, pero no pongo en duda que existan personas que se llaman a sí mismas feministas y quieran luchar contra la lacra de las políticas de género del los Estados y los grandes centros de poder mundiales, con esas personas colaboraría gustosamente.

2) ¿En qué momento te diste cuenta que el feminismo no te representaba como mujer?

Nunca estuve cercana a las corrientes feministas, creo que había dos cuestiones fundamentales que me alejaban de su programa, la primera mi pertenencia a la cultura tradicional de la ruralidad hispana a través de mi familia materna, una cultura ancestral en la que las mujeres hablaban con voz propia y eran profundamente respetadas por sus méritos y sus capacidades y no por cortesía. Las mujeres de mi infancia eran inteligentes sin soberbia, capaces y polifacéticas, enérgicas sin despotismo, amorosas sin cursilerías, tenían mucha fuerza interior, por eso yo no podía vivir bajo el complejo de ser mujer que defendía Simone de Beauvoir, no encontraba que mi cuerpo de mujer fuera causa de ninguna desgracia y me parecía que el feminismo, el que yo conocí al menos, representaba una visión resentida y anti-femenina. La segunda era mi fuerte impulso hacia la maternidad que había sido satanizada como origen de todos los males de la mujer y que para mí era una necesidad fundamental.

Eso no significa que no fuera consciente del ascenso social del machismo que era mayor en la sociedad urbana y moderna que en las aldeas de mi infancia. Fui beligerante con el machismo como creo que hay que serlo con todo lo que es perverso e injusto pero nunca consideré que hubiera nada en la condición masculina que hiciera inevitable esa lacra del sexismo. Con la misma energía que me opongo al machismo me sitúo en contra del sexismo femenino hoy en alza, pues no son en realidad ideologías enfrentadas sino complementarias.

3) ¿Qué te llevó a investigar y escribir tu libro “Feminicidio o Auto-Construcción de la Mujer”?

Hubo un tiempo en que consideré que había un error fundamental en el sexismo femenino pero más adelante me hice consciente de que no era únicamente una equivocación o un disparate lo que se escondía tras esta ideología sino que era una parte fundamental de la estrategia del sistema para destruir al pueblo y todo rastro de la vida horizontal en primer lugar y convertirnos en seres mutilados y deshumanizados, ganado de labor sin autonomía, sin vida erótica, sin lazos y sin afectos, sin raíces y sin energía vital, sin vida interior ni convivencial.

Entendí entonces la gran tragedia que significaba que nadie hubiese tenido el arrojo y la clarividencia de desmontar esa maniobra en sus orígenes cuando todavía quedaba en la sociedad algo de sentido común y los aparatos de adoctrinamiento e ingeniería social eran primitivos, pero comprendí también que, incluso en una situación tan desesperada como la de hoy alguien debería dar la voz de alarma, llamar a recuperar la cordura. Me encomendé esa tarea para la que no estaba preparada y que era, en realidad, mucho más grande que mis capacidades. Afortunadamente conté con la ayuda de Félix Rodrigo Mora, una persona cuyo esfuerzo en pos de la verdad es un auténtico regalo al mundo.

4) ¿Por qué crees que tu libro ha sido censurado y perseguido?

 En las sociedades del presente, bajo regímenes parlamentarios, la falta de libertad es la norma. La más esencial de las libertades, la de conciencia, es violada a diario acosada desde el sistema educativo, la prensa, los medios, el “arte”, la publicidad, los funcionarios del Estado del bienestar, las redes sociales etc. etc. La mentira es obligatoria, la historia es revisada, las personas reescriben sus biografías para adaptarlas a la ortodoxia del sistema.

La censura es poco usada porque casi nadie osa salir del dogma establecido pero si alguien se atreve a desafiar la “verdad” del sistema todo el aparato de persecución se pone en marcha.

El aparato de las políticas feminicidas no se basa en un movimiento equivocado que pueda ser convencido con argumentos es un auténtico ejército de funcionarios, grupos empresariales, grupos de pagados y paniaguados del sistema que actúan como policías del pensamiento.

Nuestro libro se ha atrevido a poner en cuestión la ortodoxia y hacerlo con una masa de documentación, investigación y hechos que hacen difícil el desmontar sus presupuestos, por eso la censura, el insulto y el acoso era la única forma de enfrentarse a ello.

5) ¿Cuál es la situación actual del feminismo en España?

 En una encuesta reciente únicamente el 1,7 de los españoles y españolas se definen como feministas, no hay pues un movimiento popular poderoso y mayoritario a favor de las políticas de género, es el aparato burocrático vinculado directa o indirectamente al Estado que sufrió un salto descomunal con la aprobación de la Ley de Violencia de Género y la creación del Ministerio de Igualdad el que sostiene con una creciente inyección de fondos la presencia de esta ideología en todos los espacios sociales.

Más de un millón de funcionarios de la sanidad, la educación, los servicios sociales y otros son, de facto, agentes de género obligados por protocolos y curriculum a verter el credo feminicida en su ámbito de actuación, varios cientos de miles más son los que componen los cuerpos policiales y judiciales que aplican las leyes de género, son miles, además, las cátedras de género, las fundaciones subvencionadas, las empresas de servicios relacionadas con estas políticas que se lucran de un negocio floreciente y en expansión.

Si hubiera libertad equitativa para todas las opiniones, se eliminaran las subvenciones estatales, desapareciera la legislación y el aparato de poder que la sostiene, se permitiera la libertad de conciencia y de expresión, el sexismo político ocuparía el lugar que le corresponde por méritos propios.

6) ¿Qué implicancias ha tenido la lucha anti-feminista en España?

 Creo que no puede hablarse de lucha anti-feminista, eso no ha existido. Yo, en realidad, nunca he defendido que tal cosa deba existir, lo que aquí existe es un sexismo político institucionalizado que depende en todo del Estado y una sociedad demasiado confundida y acobardada que no lo apoya pero no tiene la claridad y el ímpetu para oponerse a la corriente institucional. Es cierto que hay una especie de corriente subterránea de rechazo de las políticas de género pero son eso, subterráneas.

Únicamente algunas organizaciones de afectados por la Ley de Violencia de Género y algunos colectivos de muy escaso poder de convocatoria se han atrevido a hablar, en el caso de los primeros es triste que no muy pocos no afectados se hayan sumado a la lucha contra esta ley inicua. La docilidad y el acobardamiento así como el egoísmo de luchar únicamente por lo que nos afecta personalmente se han impuesto como norma de conducta.

Por mi parte creo que hay que establecer un frente de lucha contra los mecanismos concretos de dominio estatal sobre las mujeres, los debates ideológicos son debates estériles, eso lo dejo para la universidad y las academias. Nosotros necesitamos distinguir el bien y el mal en estos asuntos no establecer principios ni reglas a los que adscribirse.

7) ¿Alguna vez has tenido problemas legales, amenazas o agresiones por expresar tus ideas?

 Hasta ahora las consecuencias negativas de mis publicaciones han sido pequeñas cosas sin importancia. No descarto que pueda haberlas en el futuro, la Ley de violencia de Género ha sido un ensayo de ley de excepción impuesta sin apenas oposición popular, y mucho menos partidista (se aprobó por unanimidad). si la sociedad española se aviene a asumir leyes que emulan los peores momentos del franquismo y que han supuesto una ola represiva sobre los varones verdaderamente inaudita no puede descartarse que tal corriente se siga desarrollando con otros aportes legislativos, ya se ha empezado a hablar de un ley contra la apología del delito machista, es decir, contra la libertad de expresión, eso podría llevar a que toda crítica a la ley se considerase delito.

8) ¿Cómo definirías a una mujer femenina?

 Lo femenino tiene muchos componentes, es complejo y no simple. En la sociedad de los estereotipos y la simplicidad, de los binomios excluyentes, se han creado unos pocos tipos de mujer que se excluyen y se enfrentan. Así, estamos obligadas a adscribirnos a alguno de los patrones de feminidad al uso, ha desaparecido la posibilidad de auto-construirnos como mujeres usando la experiencia, la reflexión y el aprendizaje a través de los vínculos.

No soy partidaria de visiones esencialistas de la mujer pero eso no excluye que valore como fundamental en la construcción de la feminidad la conexión con nuestra biología, con nuestras necesidades físicas, con la alegría por nuestro cuerpo y sus funciones sexuales. En esa escucha y esa conexión se construye una parte fundamental de nuestra feminidad.

Pero también hay un componente histórico, el femenino no es igual en todos los momentos ni en todas las sociedades, es también una respuesta a las condiciones de existencia espacio-temporales-sociales-históricas concretas en que lo crean las mujeres. En su diversidad y multilateralidad lo femenino auto-creado es tanto un factor de continuidad con las generaciones anteriores de mujeres como un agente de novedad y descubrimiento a través de la reflexión y la crítica, la mejora o la adaptación a las condiciones cambiantes.

También hay un componente cultural que no se refiere únicamente a la tradición y la transmisión de conocimientos y pautas de conducta sino a las aportaciones del arte, la filosofía, la moral etc. puesto que todos ellos en algún momento han investigado o penetrado en la idea de lo femenino.

Hoy vivimos una etapa de desfeminización fanática de las mujeres, la represión sexual es más violenta que en la sociedad victoriana pues hoy es interiorizada. Estamos obligadas a deserotizarnos, renunciar al amor, a la cópula, a la maternidad…. Forzadas a hacernos neutras y ambiguas, sin señas sexuales ni singularidad femenina. Esto está llevando a un colapso biológico de las mujeres, los desórdenes físicos asociados a nuestros órganos sexuales y reproductivos se están convirtiendo en una epidemia, al menos en lo que llaman España, amenorreas, miomas, endometriosis, infertilidad, ovarios poliquísticos etc. etc. son ahora lo ordinario y no lo extraordinario.

La erótica libre y no politizada está desapareciendo, ahora la corrección política ha llegado a la intimidad y duerme con nosotros. A las mujeres, especialmente a las del pueblo, se nos desea convertir en neo-monjas, escondiendo nuestra sensualidad, renunciando a las pasiones carnales; la exhibición del cuerpo femenino o es chocarrera o inexistente, se ha perdido el buen gusto y el arte de agradar y comunicar voluptuosamente con sexo contrario. Esos conocimientos eran también ingredientes de lo femenino en el pasado.

Pero las mujeres no somos solo cuerpo, vida erótica y maternal, los grandes valores humanos, las virtudes intelectivas, éticas, estéticas, épicas y heroicas son para nosotras tan fundamentales como para los varones y hemos de cultivarlas sin renunciar a darles forma femenina. Hacen falta mujeres combatientes para una sociedad regenerada, necesitamos una nueva ascética que nos fortalezca, un nuevo entrenamiento de la virtud, precisamos cultivar la inteligencia, el amor por la verdad, la fuerza, la adhesión a la justicia, la devoción por la convivencia y el amor, la capacidad de conciliar e integrar a todos y a todo, la renuncia al poder, el aprecio y el cultivo del buen lenguaje, la voluntad de cuidar para la vida y cuidar para la muerte, de cubrir las necesidades del cuerpo y las del alma, el amor por la libertad, el respeto por lo humano, la libertad interior y la grandeza de espíritu.

Todo esto y mucho más tiene que estar en la nueva feminidad del siglo XXI ¡Construyámoslo en nosotras mismas!

 9) ¿Qué sugerirías a una mujer que duda del feminismo, pero aún no logra ver claramente por qué es perjudicial?

 Les diría que todo aquello que nos protege y nos privilegia es el veneno con que nos masacran las instituciones, que no podemos aceptar que dirijan nuestras vidas por “nuestro propio bien”, que no son los derechos que son otorgados desde fuera sino los deberes que son activos y movilizadores lo que nos emancipa. Todos aquellos que nos llaman a luchar por derechos nos encadenan a sus instituciones.

10) ¿Cuál sería tu mensaje a la mujer moderna?

 Tenemos un deber histórico, una obligación de reconstruirnos como sujetos de nuestra propia vida y de la historia, rehacer la vida horizontal y con ello regenerar la sociedad. En nuestro nombre se han cometido las mayores atrocidades en el último siglo y eso nos compromete al combate y la colisión con el mal ¡Hagámoslo!

Entrevista por ARTEMISAS. Enero de 2014.

prado entrevista

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MUJER OBJETO VS. MUJER FEMENINA

La diferencia es bastante clara… 

La mujer objeto sólo vale por su cuerpo y su imagen. A pocos les interesa qué piensa la mujer objeto o qué tiene para decir. Generalmente son utilizadas y descartadas. Algunas mujeres objeto caen en excesos y/o depresión porque son conscientes de su desvalorización. Otras se auto-reconocen como objetos y pueden seguir su vida en esa condición. 

La mujer femenina no necesita usar su cuerpo para mostrar su valía. Ella sabe lo que es y está orgullosa de serlo. La mujer femenina defiende su feminidad y se tiene en alta estima, y es por eso que el resto también le tiene respeto. Tiene sentimientos verdaderos que no cambia por dinero y resguarda su sensibilidad propia de una mujer. Disfruta de ser mujer, de ser coqueta y delicada, pero no deja que sólo eso sea lo que la identifique, sino su integridad.

¿Qué mujeres queremos ser?

contraste

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EL VALOR DE LA FEMINIDAD.

La mujer, símbolo de belleza, de sensibilidad, de piedad, de maternidad, de intuición, y a la vez portadora de grandes fuerzas, orgullo y espíritu guerrero… 

¿Desde cuándo quisimos dejar de ser mujeres? ¿Desde cuándo elegimos renegar de lo que somos, de la esencia de nuestra feminidad? 

Miremos en nuestro interior, redescubramos nuestra identidad y defendámosla. Nadie puede decirnos qué somos o qué debemos ser. Nuestros instintos son puros y sabrán guiarnos en nuestro camino… ¡No hagamos caso a la manipulación! Seamos fieles a nuestra naturaleza.

Te invitamos a sumarte a nuestra batalla diaria:

Artemisas
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https://twitter.com/ArtemisasArg
feminas.artemisas@gmail.com

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Artemisas.

Somos aquellas que aspiramos a un futuro en el que nos podamos sentir verdaderamente libres de las actuales cadenas de la denigración impuestas por un sistema siniestro que busca coartarnos.

Somos aquellas que nos sentimos orgullosas de nuestra feminidad y no dudamos en defenderla.

Somos aquellas cuyo espíritu guerrero nos lleva a la mismísima batalla, codo a codo con nuestros hombres.

Somos aquellas que añoramos una Argentina Soberana para nuestros hijos. 

Somos Artemisas, guerreras, argentinas y femeninas. 

Mujer argentina, te esperamos con los brazos abiertos.

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GUERRERAS, FEMENINAS Y ¡¡¡ARGENTINAS!!!

Por nuestra identidad femenina y la soberanía nacional… ¡Siempre listas para el combate!

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La visión de la mujer popular en la sociedad preliberal: figuras femeninas del Quijote.

La estela magnífica de la respetuosa y amorosa concordia entre los sexos de nuestra Edad Media pervivió de formas diversas hasta la revolución liberal. La consideración y prestigio social de la mujer, basada en la participación social en igualdad con los hombres, es un hecho que puede ser rastreado en la literatura tanto como en la historia.

 

La figura femenina en el Quijote merece una reflexión aparte. Nadie pone en duda que la ficción cervantina es una meditación profunda y personal sobre su época, y, por ello, los personajes femeninos muestran tanto la singular visión del autor, como la verdadera existencia material de las féminas en el contexto social y cultural que la novela recrea.

 

La lectura desprejuiciada de esta obra señera de la literatura universal nos permite muchas reflexiones profundas sobre la condición humana y derriba numerosos tópicos acuñados por la teoría del progreso. Cervantes presenta dos perspectivas divergentes y complementarias sobre la mujer; por un lado, la mujer idealizada por el amor cortés, que no es una mujer real sino un símbolo de la rendición del varón ante la feminidad poetizada o imaginada y por otro, discurren por sus páginas muchas individualidades femeninas, más reales, con personalidad propia y singular en cuyas formas se recrea el autor.

 

En la novela cervantina las mujeres, tanto las letradas como las iletradas, las del pueblo llano como las de las clases acomodadas, tienen discurso propio, hablan por sí, con naturalidad, ingenio y talento y, sobre todo, ocupan un lugar social respetado y concreto no segregadodel masculino.

 

Tal es el caso de Dorotea, de la que Américo Castro dice que “muestra la mayor independencia y libertad de pensamiento”. Así es, se presenta como mujer enérgica pero templada y reflexiva que piensa y razona antes de actuar. Comienza expresando el profundo amor que la tenían sus padres y cómo siempre supo “que ellos me casarían con quien yo más gustase”[i]. Es ella quien decide tener relaciones sexuales con don Fernando a quien espeta, según la costumbre castellana: “en tanto me estimo yo, villana y labradora, como tu señor y caballero. Conmigo no ha de ser de ningún efecto tus fuerzas, ni han de tener valor tus riquezas, ni tus palabras han de poder engañarme, ni tus suspiros y lágrimas enternecerme”. A esta mujer, a la que Cervantes presenta como una autoridad en conocimientos de libros de caballería, tan segura de sí misma, tan rotunda en su discurso, tan soberana en todos los aspectos de la vida, también en el sexual, Salvador de Madariaga le dedica un capítulo de su “Guía para el lector del Quijote” que titula “Dorotea o la listeza”. En él destaca “su facilidad de palabra, tan sugestiva por su rapidez como por su propiedad, de una viveza excepcional de observación y comprensión; así como una inteligencia muy hecha a manejar ideas”. Sería muy difícil que un personaje así se construyera sobre la base de la nada en una sociedad en la que las mujeres fueran sometidas de forma tan rígida como pretende hacernos creer la ortodoxia académica dispuesta a rehacer la historia y la literatura según su deformado credo.

 

Las virtudes de Dorotea no son excepcionales, pues tan resuelta y decidida como ella se presenta Marcela que, aunque “su tío y todos los del pueblo se lo desaconsejaban, dio en irse al campo con las demás zagalas del lugar y dio en guardar su mesmo ganado”. Marcela hace un discurso sobre la libertad y el amor de contenido y envergadura filosófica: “el verdadero amor no se divide y ha de ser voluntario y no forzoso (…) tengo libre condición y no gusto de sujetarme a nadie”. Tal discurso lo hace ante un grupo de hombres que escuchan con un respeto, no fingido ni de cortesía, sino auténtico.

 

Las mujeres reales en Cervantes, todas, Dorotea, Marcela, Zoraida la mora, Altisidora, etc., sonmujeres soberanas, enérgicas y hasta soberbias en la defensa de sus libertades, no buscan protección, no demandan privilegios, no las veremos cobardes ni apocadas, incluso las más rústicas, Aldonza Lorenzo, Maritornes, Torralba, Teresa Panza, son mujeres fuertes, espontáneas, despiertas y avispadas en la brega de la vida; Luscinda, mujer volcada en la pasión amorosa, entregada al amor por Cardenio, no es con todo, una personalidad ñoña, su romanticismo es dolorido y auténtico, también tiene fuerza interior. Cervantes se recrea en las figuras femeninas dándoles una forma tan singular y original que resulta evidente que están recogidas del estudio de la realidad social, pero ante todo refuerza tres elementos de la personalidad femenina: la inteligencia, la fuerza y el sentimiento de libertad.

 

No hay contradicción entre la exaltación que hace el Quijote de la mujer idealizada, tomada del canon de la novela de caballería, que expresa la reverencia masculina hacia la feminidad como elemento esencial de nuestra cultura (como manifiesta Denis de Rougemont en “El amor y Occidente”) y la representación de figuras de mujer tan realistas y originales. La existencia de un ideal poético del amor es un parapeto al imaginario patriarcal contra el que se yergue el cristianismo. La divinización de la mujer es un freno, un límite, a la reaparición de un patrón de lo masculino agresivo y dominador, vinculada al ascenso del Estado y sus estructuras, al que, con buen criterio, no se considera vencido para siempre.

 

Cervantes, recogiendo la complejidad de lo real, asocia la sublimación de la mujer con el dibujo de esas personalidades femeninas, singulares y lejos de cualquier estereotipo, que no precisan del amparo de nadie, que se mueven con libertad, hablan con aplomo y con firmeza, argumentan con penetración e inteligencia, manejan el lenguaje con maestría, son audaces y resueltas, y, sobre todo, son escuchadas con reverencia y consideración magnífica por los hombres. Nada más lejos de esa imagen exaltada del pasado que se ha fabricado en las cátedras al abrigo del poder.

 

No podemos aceptar que estas mujeres sean personajes excepcionales ajenos por completo al contexto social en que se presentan, pues la novela, toda ella, recrea la visión cervantina de su tiempo. Es además posible reconocer la existencia de otras mujeres reales, no noveladas, que viven y actúan con la misma liberalidad que las dibujadas por Miguel de Cervantes, por ejemplo, María de Zayas cuyas “Novelas amorosas y ejemplares” no sólo son una joya literaria, que suman al rico lenguaje el arte de presentar escenas de fuerte contenido sexual sin grosería ni pacatería, en las que las mujeres se desenvuelven con completa naturalidad. María hace profesión de fe anti sexista con una frase magnífica: “las almas no son hombres ni mujeres”. Su obra tuvo un éxito notable en su época, conociendo un gran número de reediciones durante el siglo XVII, lo que demuestra que no había censura especial para la escritura femenina.

 

Las libertades mujeriles llamaron la atención de numerosos viajeros que visitaron Castilla en la época. En 1595 un sacerdote italiano escribe sobre las españolas: “son muy animadas por la gran libertad de que disfrutan (…) hablan bien y son prontas a la réplica; tienen, sin embargo, tanta libertad que a veces parece exceden el signo de la modestia y el término de la honestidad”[ii].

 

Da la sensación de que la tradicional libertad femenina fue uno de los escollos que la iglesia encontró para imponer los acuerdos de Trento, hacia los que hubo una resistencia social formidable. La igualdad entre mujeres y hombres estaba tan arraigada en la península que todavía en el siglo XVI se encuentra un monasterio dúplice, el de Santa María de Piasca, en Cantabria, que en el momento de su disolución por mandato de las autoridades eclesiásticas tenía una abadesa elegida que dirigía la comunidad.

 

Si rastreamos a la mujer real anterior a la revolución liberal, encontramos un ser con entidad y voz propia, con un lugar social distintivo no subordinado, con capacidad de manifestar su personalidad y sus anhelos en todas las regiones de la existencia humana. En lo referente a las relaciones afectivas y sexuales con los varones tiene iniciativa personal; ello es evidente en las Canciones de Amigo, comunes en los Cancioneros hispanos desde el siglo XIII al XV, en las que vemos que es la voz de la mujer la que se expresa, la llamada al amado al que se insta al encuentro amoroso, también carnal: “Amigo el que yo más quería/venid al alba del día”. Es una voz femenina con sentimientos sensuales propios. De la larga pervivencia de esta concepción da idea que en “Olivar de los Pedroches (Tradiciones y folklore)” de Manuel Moreno Valero, texto que recoge costumbres, recuerdos y canciones de esa comarca, se cite un cancioncilla popular con la misma estructura que las Canciones de Amigo, que dice: “Esta noche y la pasada/¿porqué no viniste, amor/si estaba la luna clara/eres buen andador/y sabías que te esperaba?”

 

También es posible evidenciar la importancia de la actividad de la mujer en la vida económica del pueblo, su participación libre y particular en las labores y trabajos que procuran la satisfacción de las necesidades básicas de la comunidad. Aunque, en general, hubo una cierta división sexual de las tareas, no era ésta rígida ni hermética pues las féminas podían desarrollar oficios que han sido considerados tradicionalmente masculinos. Está documentado por el Catastro de Ensenada en 1752, en la villa de Atienza, la existencia de siete mujeres que ejercen de tratantes de ganado, y seis de ellas comercian con ganado mayor, con mulas[iii], lo que demuestra que las féminas no tenían vedada su participación en ninguna actividad y que las que lo deseaban accedían a esas profesiones. Incluso para los varones la trata de ganado era considerado un oficio “golfo”, implicaba moverse en un territorio relativamente amplio, a menudo solas, valerse y defenderse por sí mismas, conocer el negocio, lo que entrañaba entender de ganado tanto como del comercio, tener facilidad de palabra, percepción de la psicología del comprador, manejar dinero y tener talante negociador, entre otras facultades muy necesitadas de inteligencia práctica y conocimientos concretos. Estas ocupaciones, en realidad casi todas las tareas que se desarrollaban en un ámbito no salarial ni ultraespecializado, proporcionaban a las mujeres la posibilidad de desplegar todo su potencial y su ingenio, por lo que es lógico que fueran vistas, como lo hace Cervantes, como modelo de seres inteligentes, dotados de juicio vivo y penetrante y gran capacidad expresiva.

 

La comparación de esta feminidad preliberal, popular, con la actual en construcción según el paradigma feminista, ilustra la gran pérdida de autonomía e identidad diferenciada y singular que conoce en la sociedad moderna la mujer. La mujer que construye el feminismo no goza de una conciencia, digna de tal nombre, ni de sí misma ni del mundo que le rodea, pues es sujeto construido desde fuera por los aparatos de adoctrinamiento, la universidad en primer lugar, también el mundo de la información-propaganda, la industria del entretenimiento y el aparato funcionarial del bienestar, por lo que está en vías de perder la propia inteligencia como instrumento para interpretar el mundo y poder actuar sobre él.

 

La personalidad moderna y “emancipada” es uniformizada según los dogmas de la nueva vulgata que marca un patrón de vida y de comportamiento obligatorio. El trabajo asalariado hace que la mayor parte de la existencia femenina no sea autónoma, sino que esté dirigida por la jerarquía empresarial. Se imponen jornadas cada vez más largas y quehaceres repetitivos, parciales y especializados que impiden comprender la totalidad de los asuntos en los que se implica, con lo que decrecen igualmente su pensamiento creativo y sus habilidades prácticas; además, no permite la toma de decisiones en cuestiones decisivas (ni siquiera las mujeres que ocupan puestos medios en la jerarquía laboral lo hacen). La empresa aspira a acaparar todo el tiempo de la mujer de manera que apenas le queda espacio de vida en la que elegir con albedrío.A la mujer del siglo XXI se le prohíbe o se le impide la maternidad, el amor y la familia, experiencias que son demonizadas por el discurso enloquecedoramente repetido de la propaganda del sistema.

 

El victimismo y el narcisismo acosan la capacidad de raciocinio y reflexión de la mujer de este siglo, pues quienes se dejan llevar por esas emociones no pueden tener conciencia libre e independiente de las cosas, porque la furia y el rencor nublan la inteligencia. Al haber sido convencidas de que son la víctima de los hombres y que no podrán sacudirse el yugo del patriarcado si no es bajo la tutela del Estado, se tornan flojas, débiles y pusilánimes buscando permanentemente la protección institucional, esperándolo todo del nuevo pater familias estatal.

 

¿Qué queda de la inteligencia femenina cuando la mujer se deja arrastrar por la dogmática del sexismo político? Muy poco, pues deja de usar su propio entendimiento para resolver los problemas de la vida, los conflictos interpersonales y su propia auto-construcción; para tomar decisiones, elegir su forma de estar en el mundo y de pensar. La inteligencia también es imprescindible para conseguir la fortaleza necesaria y conquistar la libertad básica, por eso la destrucción del pensamiento libre en la mujer es feminicidio, porque supone la muerte de lo más radical de su naturaleza humana, aniquila la libertad en su forma más esencial, convirtiéndola en un títere, un cadáver humano sin voz ni existencia propias.

 

Cervantes destaca de la mujer su valía como ser pensante, su capacidad para comprender, comunicar y actuar con albedrío, mientras el feminismo moderno convierte al sujeto femenino en un fantoche, un cuerpo sin alma, un despojo humano. Tal es la mujer ideal elaborada en las alturas por el moderno ser supremo, el Estado; la mujer real del presente se halla en algún punto intermedio entre sus semejantes en la historia pasada y ese prototipo que se impone desde las alturas del poder, más alejada cuanto mayor es la resistencia a los planes estatales. Por ello recuperar la libertad de pensar, de entender el mundo circundante sin tutelas ni supervisión de las instituciones es, por sí, un agente de emancipación, probablemente el más importante de todos, pues supone recuperar la conciencia libre.

 

Otro elemento que llama la atención es el hecho de que en la novela cervantina las mujeres y los hombres pertenecen al mismo mundo, el diálogo entre la masculinidad y la feminidad es un diálogo entre pares cuya originalidad manifiesta, entre otras particularidades, su personalidad sexuada. La rotunda presencia de la mujer no actúa como factor de conflicto ni antagonismo, no hay resistencia de los varones y la afirmación femenina es socialmente reconocida como un fundamento positivo de la vida comunitaria. Es el respeto, más que la uniformidad igualitarista, lo que prima en las relaciones entre los sexos. Eso permite que la mujer tenga un lugar propio, que su forma diferente y original de expresarse tenga un espacio con el mismo prestigio social que el masculino. Gracias a ello la mujer no ha de negar su feminidad para tener influencia social.

 

En el presente los sexos han sido separados de forma fundamental; esta segregación impone el desconocimiento mutuo y el mutuo miedo a lo desconocido,  impide el intercambio desde lo característico de cada sexo, es decir, empobrece a los hombres y a las mujeres por igual, aislándoles en un universo sin diversidad ni complejidad, de modo que no entienden al otro sexo, no entienden la realidad exterior ni pueden entenderse y construirse a sí mismos. Respecto a las mujeres del Quijote, la figura femenina del siglo XXI se desdibuja como un ente sin un lugar y discurso propio, ello es la concreción del feminicidio en curso.

 

 

 

[i]Esta frase rotunda refleja la forma real como se produce el matrimonio en las clases populares a lo largo de nuestra historia, un modelo que se inscribe en el ideario cristiano que exige que sean el amor y la libre elección las condiciones del matrimonio. Es ello una peculiaridad de la cultura occidental muy alejada de las grandes culturas patriarcales islámicas y asiáticas. Hoy sigue habiendo miles de mujeres muertas, y algunos hombres también, en la India, Pakistán y muchos otros países por no respetar el mandato de las familias en cuanto al matrimonio. En la India, por ejemplo, se considera que “una mujer que escoge a su pareja es una puta” (La Vanguardia, 2-10-2011). Es un hecho cierto que la misoginia más fanática deplora siempre la impronta cristiana de la cultura occidental; una figura señera de la fobia a lo femenino es Schopenhauer quien lamenta “la galantería y la estúpida veneración germano cristiana hacia la mujer”.

 

 

[ii]Citado por García Mercadal en “España vista por los extranjeros”, Madrid (1917-1920?).

 

 

[iii]Así aparece recogido en el Catastro de Ensenada y, si bien no hemos hecho un estudio exhaustivo de este fundamental documento, es evidente que no es un caso excepcional. Sabemos también por las respuestas generales que en el pueblo de Carreño, en Asturias, se cita a cuatro mujeres tratantes de lino que acarrean, como trajinantes, sus cargas a Castilla. Un estudio riguroso y desprejuiciado de este excepcional documento arrojaría mucha luz sobre la auténtica posición social de la mujer en el pasado.

 

Por Prado Esteban

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Perfección tras el bisturí: Una reflexión.

Me voy a permitir esbozar unos breves pensamientos sobre la mujer y la cirugía plástica. ¿Por qué cada vez más mujeres se someten a cirugías riesgosas e innecesarias ? En respuesta a esta pregunta, una vez más llego a la conclusión de que la responsabilidad recae en el poder de los medios. La imagen de la mujer que llega a través de la publicidad es esa de “chica diez”: delgada, sensual, con atributos exuberantes, rasgos perfectos y labios voluminosos… Esto es lo que venden las marcas de perfumes, zapatos, ropa interior, gimnasios, productos dietéticos y otras, como también empresas de bebidas alcohólicas, tabaco o desodorantes masculinos, que de esta manera denigran y caracterizan negativamente la mujer, identificándonos como superficiales, consumistas excesivas y despreciativas de nuestro propio ser. La figura promovida por los medios publicitarios no representa el género femenino en sí porque una mujer no vale por su aspecto extremadamente “perfeccionado”. Gracias a la apariencia mediática de la mujer surgen algunos de los estereotipos que perjudican nuestra verdadera imagen, es decir, lo que una mujer es realmente.

 

La anatomía de cada una es distinta, por ende los resultados estéticos van a ser siempre distintos y a veces hasta lo que una quiere no es recomendado profesionalmente, ya sea porque, por ejemplo, los implantes pueden causar estiramiento permanente en la piel ocasionando estrías y se debe elegir volúmenes más pequeños. Asimismo, se puede producir pérdida de sensibilidad, cicatriz cutánea, arrugas y pliegues en la piel, entre otros. Es por todo esto que debemos considerar: ir a un quirófano no es lo mismo que ir a la peluquería, mujeres, ya que hoy en día la mujer se somete a varias intervenciones de este tipo y ni hablemos de las que terminan luciendo una cara de muñeca plástica, ya sea por la toxina botulínica (botox) o el ácido hialurónico. No hay necesidad de recurrir a estos métodos costosos y anti naturales para parecerse a alguien o perfeccionar la boca, nariz u ojos por una obsesión. Cada una de nosotras es auténtica; alterar nuestras facciones o cuerpo por un capricho o por la ilusión de parecerse más a la modelo de los carteles publicitarios es ir borrando poco a poco nuestra esencia.

 

Es importante que sepan también que antes de la intervención quirúrgica se debe firmar un consentimiento que no es de mucho agrado leer. He aquí algunos ítems con los cuales la paciente tiene que estar de acuerdo:

-Doy el consentimiento para la administración de los anestésicos que se consideren necesarios o aconsejables. Comprendo que cualquier forma de anestesia entraña un riesgo y la posibilidad de complicaciones, lesiones y a veces muerte.

-Estoy de acuerdo en que no se me ha dado garantía por parte de nadie en cuanto al resultado que puede ser obtenido.

 

Puede ser que muchas se hayan sentido acomplejadas con alguna zona de su cuerpo desde la adolescencia, pero para someterse a una cirugía estética se debe de estar segura ya que no hay vuelta atrás y los resultados muchas veces no son los deseados. Es propicio en este punto hacer una aclaración en cuanto a estas intervenciones quirúrgicas: existe la cirugía plástica y la estética. Un cirujano plástico no solamente es un cirujano estético, sino que es un especialista en restaurar, restituir y devolverle al cuerpo su forma y funcionalidad en pacientes que han sufrido quemaduras, accidentes, cáncer o que han tenido defectos de nacimiento. Todo esto para devolver la forma y funcionamiento normal del individuo, aliviándole su enfermedad. Es una especialidad muy satisfactoria y la “estética” es sólo una rama de la cirugía plástica.

 

A modo de cierre a esta reflexión, podemos afirmar que no es estrictamente necesario recurrir al bisturí para sentirnos más seguras con respecto a nuestros cuerpos y rasgos. El 70% de los casos en los que la mujer elige someterse a estas intervenciones se dan a raíz de las ideas promovidas por los agentes del consumismo en la sociedad. Debemos tener muy en claro que alterar nuestro cuerpo es borrar de a poco nuestra identidad. Muchas mujeres han cambiado radicalmente sus rostros y/o cuerpos por medio de cirugías estéticas y hoy lo lamentan. Cada una de nosotras es única y tiene luz propia; no la perdamos. No caigamos víctimas de la imagen de mujer mediática, de esos sectores que lo único que buscan es quedarse con nuestro dinero y en el camino pisotean nuestro orgullo femenino. No nos dejemos tratar como mentes vacías…

 

Desde ARTEMISAS proponemos una re-valorización de nuestros cuerpos y caras originales, excepto que una cirugía sea absolutamente necesaria. Pensemos que nuestra imagen es parte de nuestra identidad y que en la actualidad las cirugías no son otra cosa que parte de un negocio que se retroalimenta: la industria mediática promociona los estereotipos, el cirujano guarda los billetes en su bolsillo, y da de comer otra vez a la industria mediática con más modelitos “perfectos”. ¿Vamos a ser un tornillo más de esa maquinaria perversa? ¿Acaso no estamos seguras de nosotras mismas? Al fin y al cabo, todo se reduce a nuestra autoconfianza: si nos apreciamos y nos valoramos podremos sentirnos cómodas con lo que tenemos, cuidándolo celosamente por ser aquello que nos fue otorgado por la sabia naturaleza. Si logramos esa fortaleza, seremos capaces de llevar nuestros cuerpos por la vida sin complejos ni temores. 

Anna Orthustegüy

Noviembre 2013

cirugía

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