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Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer.

El pleno de la RAE suscribe un informe del académico Ignacio Bosque sobre Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer.

La Academia del lenguaje dice que se está forzando al castellano en pos de no ser sexista. “Los hispanohablantes no necesitan modificar su uso del idioma para huir del sexismo, evitando utilizar el masculino para designar a hombres y mujeres o feminizando el nombre de algunas profesiones”, considera el informe aprobado esta semana por la Real Academia Española (RAE).

Ahora está de moda decir “todos y todas” o “argentinos y argentinas”, pero se sabe que el “todos” puede referir

se a toda la población. La RAE asegura que si aplicamos esto a todo el lenguaje no se podría hablar. Bosque defiende que 

“el uso genérico del masculino para designar los dos sexos está muy asentado en el sistema gramatical” español y que no tiene sentido “forzar las estructuras lingüísticas”. 

Informe disponible en: http://rae.es/sites/default/files/Bosque_sexismo_linguistico.pdf

Fuente: http://www.tribunadisidente.com/2013/10/el-todos-y-todas-no-deberia-usarse.html

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Millones y “Millonas”.

“Millones y “millonas”: Los dobletes de género son una epidemia que continúa y que causará un perjuicio notable a la lengua.

La confusión entre el sexo y el género sigue rampante en algunas (quizá privilegiadas) cabezas. El problema no es puramente escolástico, ni menos aún personal suyo, sino que nos afecta a todos. Porque desde esas cabezas pasa a sus respectivas voces y escrituras, y de estas a los oídos y ojos de cualquiera que esté a su alcance. Desde ahí inexorablemente se mete en su cerebro, en el que irremediablemente se instala la misma confusión.

(…) El sexo (el aparato reproductor que se revela en la zona central baja del tronco y en las conductas y taxonomías que de él se derivan) ha pasado a confundirse en esas cabezas (no puede uno saber si de modo real o imaginario, en aras de sus intereses particulares) con el género de las palabras de la lengua. Hasta el punto de verse ya la misma palabra género utilizada por sexo en documentos oficiales o paraoficiales: se pregunta, por ejemplo, por el “género” del solicitante, cuando el solicitante (una persona, no una palabra) por definición no puede tener género, aunque sí tiene sexo, la información que la pregunta evidentemente (pero no explícitamente) busca obtener.

El género de las palabras castellanas (y el de las de otras lenguas que lo poseen) es un simple fenómeno gramatical de concordancia (es decir, encaje mutuo) entre palabras de ciertas clases en este aspecto subordinadas y sus palabras rectoras, los sustantivos. Se dice, por ejemplo, EL orden (de factores) pero LA orden (franciscana) ¿Por qué esta diferencia? Simplemente porque el castellano es así (…) Tanto la concordancia del verbo como la de género en relación a los nombres (el cometa frente a la cometa) son así fenómenos lingüísticos, no políticos. Menos aún biológicos como lo es el sexo.

Hace unas pocas décadas, un feminismo a mi juicio muy mal inspirado y peor orientado concibió el género (gramatical) como panacea para la promoción de causas en sí tan loables como la justicia y la consiguiente igualdad de derechos, alegando monstruos donde no los había. Todo el mundo que habla español sabe que una castaña es un fruto, no un árbol, precisamente por hablarlo. También sabe que en los trabajadores recibirán un aumento de salario la palabra trabajador no lleva significado sexual, simplemente porque en castellano no lo posee (habría que decir los trabajadores varones para dárselo), como castaña no lo tiene arbóreo: aprendemos esto según vamos absorbiendo la lengua en la niñez, espontánea e inocentemente, sin políticas ni politiqueos. Pero ahora nos vienen con el camelo de que trabajador (¡y cientos de otras!) denota solo hombres, con las mujeres excluidas, reclamando por ello el uso de dobletes “los … y las …”, flagrantemente aberrantes para el hablante espontáneo de buena fe.

No solo aberrantes, sino en extremo perjudiciales. Porque, como puntualicé al inicio, las palabras (cada una con su sonido, su significado y su gramática específicos) pasan de unos cerebros a otros a través de la boca, el aire y el oído. La única interpretación que el hablante común del castellano puede dar a “los vascos y las vascas” es que los vascos incluye solo hombres: de no ser así, con decir precisamente los vascos llega y sobra, en efecto la realidad en el castellano auténtico de todos y de siempre.

(…) Estas acciones de “terrorismo lingüístico” (…) no caen fuera de la ley, y así salen impunes. El único muro de contención y neutralización somos pues los hablantes. Todos y cada uno. Sin desmayo”. 

Artículo completo en:http://elpais.com/elpais/2013/09/02/opinion/1378112443_928885.html

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