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MUJERES PARA HONRAR: ANAHÍ GARNICA, UNA JOVEN QUE AMABA SER BOMBERO.

Anahí Garnica, una de las víctimas fatales del incendio en un depósito de archivos situado en el barrio porteño de Barracas, empezó a soñar con ser bombero cuando era tan sólo una niña y se dio cuenta que quería seguir los pasos de su padre.

Sin embargo, había un problema: en el escalafón Bomberos de la Policía Federal no se aceptaban mujeres. Su suerte cambió en 2003, cuando a modo de prueba se abrieron las puertas al género femenino a y pudo ingresar junto a otras cuatro compañeras.

En 2006, Anahí se convirtió en la primera bombero en un cuartel en la Federal. A sus 27 años, estaba casada con un bombero del Cuartel de La Boca cuando falleció este miércoles en Barracas.

En una entrevista concedida al diario Página 12 en marzo del año pasado, la joven aseguró que lo que más le gustaba era “salvar vidas”, y enfatizó: “Me gusta salir a incendios, ayudar a la gente, salvar sus vidas, sus objetos, sus mascotas”. 

Hoy Anahí ya no está físicamente con nosotros, pero partió con honor: dio su vida en servicio por los argentinos, brindando su valentía por nosotros y dándonos su ayuda como siempre lo había soñado desde chica.

Nuestro más sentido pésame a su familia, como así también a los familiares de los otros 8 bomberos héroes que en este día nos demostraron el significado de la verdadera entrega.

Artemisas

anahi imagen

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MALVINAS, CON NOMBRE DE MUJER.

Hace casi 32 años, cuando comenzó la guerra de Malvinas, Silvia Barrera tenía 21 años, era enfermera instrumentista y estaba de novia con un capitán médico. Se ofreció como voluntaria para ir al frente a curar a los heroicos soldados argentinos. Hoy sigue trabajando en el Hospital Militar y es la mujer mas condecorada en actividad del Ejército.

El 7 de junio, le avisaron que se preparara. A las 4 de la mañana abordó el buque Almirante Irizar y casi en la clandestinidad, cargada de ansiedades, nervios y esperanzas partieron rumbo a las hermanitas perdidas. Su novio también se había anotado pero el no fue elegido. Intentó impedir que Silvia viajara pero ella, le dio un beso de despedida. 

Eligió el amor a la patria. Lo primero que hizo fue cortarse el pelo que tenía hasta la cintura. En esos tiempos dictatoriales las mujeres no tenían permitido ser parte de las Fuerzas Armadas. Por lo tanto tuvieron que hacer malabares para convivir con esa ropa de talles grandes, con esas camperas inmensas preparados para hombres y no para mujeres con coraje. 

Silvia se encargó de terapia intensiva. De los casos mas desgarradores, de los muchachos que venían hechos pedazos literalmente después de los bombardeos. Un paciente que Silvia Barrera ayudó a salvarle la vida le regaló un billete de una libra, firmado por el gobernador de las Falkand. Pero la tristeza que jamás van a olvidar entre tantas muertes fue cuando escucharon por el parlante del rompehielos que nos habíamos rendido. Fue una ceremonia de llanto colectivo. De lágrimas celestes y blancas unificadas en el horror. 

Ya pasaron 31 años y Silvia sigue teniendo los mismos ojos bellos y el mismo pelo corto. Es una veterana de guerra igual que sus compañeras. Fueron las primeras en recibir medallas después de Juana Azurduy. Son las mujeres argentinas que perfumaron de coraje nuestras Islas Malvinas. Tras un manto de neblina no las hemos de olvidar. Ni a las Islas ni a las heroínas de guerra. 

Extraído de: continental.com.ar

malvinas mujer

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La mujer en la literatura fantástica: ÉOWYN, ESCUDERA DE ROHAN.

– “Sois un señor austero e inflexible – dijo -; así es como los hombres conquistan la gloria. – Hizo una pausa. – Señor – prosiguió -, si tenéis que partir, dejad que os siga. Estoy cansada de esconderme en las colinas, y deseo afrontar el peligro y la batalla.
– Vuestro deber está aquí entre los vuestros – respondió Aragorn. 
– Demasiado he oído hablar de deber – exclamó ella -. Pero, ¿no soy por ventura de la Casa de Eorl, una virgen guerrera y no una nodriza seca? Ya bastante he esperado con las rodillas flojas. Si ahora no me tiemblan, parece, ¿no puedo vivir mi vida como yo lo deseo?
– Pocos pueden hacerlo con honra – respondió Aragorn -. Pero en cuanto a vos, señora: ¿no habéis aceptado la tarea de gobernar al pueblo hasta el regreso del Señor? Si no os hubieran elegido, habrían nombrado a algún mariscal o capitán, y no podría abandonar el cargo, estuviese o no cansado de él.
– ¿Siempre seré yo la elegida? – replicó ella amargamente -. ¿Siempre tendré yo que quedarme en casa cuando los Jinetes parten, dedicada a pequeños menesteres mientras ellos conquistan la gloria, para que al regresar encuentren lecho y alimento?
– Quizá no esté lejano el día en que nadie regrese – dijo Aragorn -. Entonces ese valor sin gloria será muy necesario, pues ya nadie recordará las hazañas de los últimos defensores. Las hazañas no son menos valerosas porque nadie las alabe.
Y ella respondió: – Todas vuestras palabras significan una sola cosa: Eres una mujer, y tu misión está en el hogar. Sin embargo, cuando los hombres hayan muerto con honor en la batalla, se te permitirá quemar la casa e inmolarte con ella, puesto que ya no la necesitarán. Pero soy de la Casa de Eorl, no una mujer de servicio. Sé montar a caballo y esgrimir una espada, y no temo el sufrimiento ni la muerte. 
– ¿A qué teméis, señora? – le preguntó Aragorn.
– A una jaula – dijo ella -. A vivir encerrada detrás de los barrotes, hasta que la costumbre y la vejez acepten el cautiverio, y la posibilidad y aun el deseo de llevar a cabo grandes hazañas se hayan perdido para siempre.
– Y a mí me aconsejabais no aventurarme por el camino que he elegido, porque es peligroso.
– Es el consejo que una persona puede darle a otra – dijo ella -. No os pido, sin embargo, que huyáis del peligro, sino que vayáis a combatir donde vuestra espada puede conquistar la fama y la victoria. No me gustaría saber que algo tan noble y tan excelso ha sido derrochado en vano. 
– Ni tampoco a mí – replicó Aragorn – . Por eso, señora, os digo: ¡Quedáos! Pues nada tenéis que hacer en el Sur.
– Tampoco los que os acompañan tienen nada que hacer allí. Os siguen porque no quieren separarse de vos… porque os aman. – Y dando media vuelta Éowyn se alejó desvaneciéndose en la noche. 

(“El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey” – J.R.R. Tolkien)

Eowyn

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MUJERES PARA HONRAR: TITA MERELLO

Fue parte de la época de oro del espectáculo argentino. Participó del inicio del cine sonoro, la radio, el teatro y la televisión argentinas. Una mujer de carácter, de gran fortaleza y a la vez con chispa inteligente que marcó a muchas mujeres porteñas.

Nació el 11 de octubre de 1904. Santiago, un cochero de mateos, la anotó como su hija en el barrio de San Telmo. En cambio no hay registro de su madre hasta cuatro años después, cuando una joven uruguaya de 23 años la reconoció en la misma partida de nacimiento. Su padre muere al poco tiempo, y su madre no se hizo cargo. “Mi infancia fue breve. La infancia del pobre es más breve que la del rico. Era triste, pobre y fea”.

De joven recitaba con humor tangos reos. Su fuerte no era su voz, sino su carisma. Era aceptada por el público, tanto es así que realizó interpretaciones inolvidables de temas que otras cantantes no quisieron incluir en sus repertorios para no quedar opacadas. Con una personalidad distante y curiosa, que se combinaba con la inteligente chispa de sus respuestas, se ganó el afecto del público que hoy la recuerda como la “Morocha del tango”. A partir del ’55, con la caída de Perón, se le cerraron las puertas de las grandes tablas y las discográficas. Sobrevivió trabajando en clubes y parques de diversiones.

Muy lejos, de los movimientos feministas, su obsesión era “LA MUJER”. A lo largo de sus años, trató de mantener erguidas a sus pares. Tita defendió a muerte la independencia de la mujer, su posición y lucha en la sociedad.

“Lo que no me gusta de la mujer es que se quiera comparar… bah!” El machismo de la mujer tampoco le gustaba, “la mujer con pantalones muy ajustados, ni aquella, que llevando el cochecito del bebe, tenian el pucho colgando de la boca”.

Adelantándose a nuestras épocas, Tita critica a la mujer-objeto en el por siempre recordado “Se dice de mí”: “Podrán decir, podrán hablar, y murmurar, y rebuznar, mas la fealdad que Dios me dio, mucha mujer me la envidió y no dirán que me engrupí porque modesta siempre fui. Yo soy así”.

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Mujeres para honrar: María Remedios del Valle, “La Capitana”.

Poco se conoce de sus orígenes y fecha de nacimiento. Era negra y de condición humilde. Estaba casada y se sabe que tenía hijos. Las primeras referencias de su participación en la guerra se remontan a la defensa de la ciudad, durante la primera invasión inglesa. Participó de la misma integrando el Cuerpo de Andaluces.

En 1810 se incorporó al Ejército Auxiliar para la expedición al Alto Perú, en compañía de su marido y de dos hijos. Sólo ella regresó viva de las campañas militares. Se había incorporado en esta operación comandada por el General Manuel Belgrano.

Unos días antes de la Batalla de Tucumán, se presentó ante Belgrano para que le permitiera atender a los heridos en las primeras líneas de combate, pero ante la negativa del general, y empecinada como era, se filtró entre la retaguardia y llegó al centro de la batalla, donde no sólo asistió a los heridos, sino que alentaba a los soldados a derrotar al enemigo. Ante tanto valor desplegado, los soldados comenzaron a llamarla MADRE DE LA PATRIA y Belgrano la nombró Capitana de su Ejército.

María Remedios del Valle representa “la pasión patriótica, el altruismo y el valor de las mujeres que contribuyeron a darnos patria”.

Lamentablemente, El Estado burocrático venció y La Capitana murió como había vivido: en la indigencia y en el olvido; sin monumento que le rinda homenaje y sin una crónica que rescate su vida del olvido.

http://www.eldiaonline.com/maria-remedios-del-valle-la-capitana/

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Mujeres para honrar: Veteranas de Malvinas.

“En Malvinas, bajo el fuego cruzado del teatro de operaciones en el Atlántico Sur, también hubo mujeres argentinas. Civiles, voluntarias. Fueron siete las que pisaron Puerto Argentino y hubo en total unas 20 distribuidas en el corro de buques mercantes que rodeaba la escena de fuego. Seis de ellas eran instrumentadoras del rompehielos Almirante Irízar, entonces convertido en hospital. Otra era una enfermera: la única mujer del buque Formosa, una embarcación célebre por haber burlado dos veces el bloqueo inglés a las islas. Muy jóvenes, habían dejado sus vidas cotidianas para ir a defender la soberanía nacional. Forman un grupo casi desconocido: el de las veteranas de Malvinas”.

“Silvia tenía el pelo muy largo y un novio militar que no tomó a bien que “una mujer” fuera a la guerra (sobre todo porque él debía quedarse en su base a trabajar). Recién ese año, el Ejército Argentino enroló mujeres como enfermeras, y en el ambiente castrense eran vistas como extraterrestres. “Hombres hay muchos, pero guerra hay una sola”, cuenta Silvia que pensó. Entonces le dijo adiós a su novio, se fue a una peluquería y se cortó el pelo bien cortito “porque yo pensaba que mi pelo largo iba a ser un problema práctico en Malvinas, sin comodidades para arreglarlo”. Dice que, como otras chicas de su edad, en ese momento su preocupación mayor era: “¿Qué me pongo para ir a Sunset? Porque en aquella época ya existía.” Pero ella no dudó ni en las cuestiones de estética ni en las de la patria. Se embarcó al día siguiente rumbo al sur”.

“Silvia dice que el peor momento fue cuando se enteraron que habían firmado el cese de hostilidades. Era la rendición. “Todos lloraban, sentían una congoja terrible.” Pero también el regreso a Buenos Aires no fue como lo esperaba: “La gente en la calle ni hablaba de Malvinas. Los años que siguieron fueron de ‘desmalvinización’, yo lo puedo ver en mis hijos, que no tienen mucha información sobre el conflicto. Ahora, la más chica, que tiene 9 años, empieza a interesarse, se está hablando de nuevo del tema.” Dice que la indignó que los medios cubrieran como lo hicieron el casamiento del príncipe Guillermo. Y se pone peor -se le llenan los ojos de lágrimas- cuando dice que vio a un muchachito periodista decir que el príncipe “iría en misión a Puerto Stanley. Nombrar a Puerto Argentino con el nombre que usan los ingleses habla de una gran ignorancia y desinterés acumulado en años. Me da tanta bronca, me dan ganas de llorar. Será que me estoy poniendo vieja”, dice Doris, tocando una de sus medallas de veterana”.

http://tiempo.infonews.com/notas/veteranas-de-malvinas-las-mujeres-argentinas-que-fueron-guerra

veteranas malvinas

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Mujeres en la memoria argentina: Manuela Pedraza.

“Fue una heroína de la Primera Invasión Inglesa. Los días 10, 11 y 12 de agosto de 1806 se combatió encarnizadamente en las calles de Buenos Aires para reconquistarla de manos se sus usurpadores ingleses. Todos participaron en la lucha, las mujeres con el mismo fervor que los hombres. Cuando el combate había llegado a su culminación en la plaza mayor (hoy Plaza de Mayo), donde las fuerzas al mando de Liniers trataban de tomar la Fortaleza (hoy Casa Rosada), una mujer del pueblo se destacó entre los soldados, uno de los cuales era su marido, a quien había resuelto acompañar.

La metralla no la acobardó. Por el contrario, se lanzó al lugar de mayor peligro siempre al lado del soldado de patricios, con el que formaban una pareja de leones. El hombre cayó atravesado por una bala. Manuela tomó su fusil y mató al inglés que había disparado sobre él.

El propio Bartolomé Mitre, rescatando testimonios de la época nos cuenta: “Hasta las mujeres recibieron la corona del triunfo en la cabeza de una heroína llamada Manuela la Tucumana, que combatiendo en ese día al lado de su marido, mató con sus propias manos un soldado, a quien quitó el fusil, que presentó a Liniers, recibiendo en premio de su hazaña los despachos de alférez”. Estos testimonios corroboran el valor de la “Tucumanesa”, que se hizo público en toda la ciudad; donde todos creían justo y apropiado un reconocimiento”.

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