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SÉ INFIEL Y NO MIRES CON QUIÉN.

Se trata de una adaptación de una comedia londinense que relata la historia de varias parejas (infieles entre ellos) que acuerdan un encuentro amoroso a la misma hora y en el mismo lugar, desconociendo cada una de ellas las intenciones de los otros.

La obra se está presentando en la temporada de teatro de Mar del Plata y seguramente luego recorrerá el país con un “éxito arrollador”. Las calles estarán empapeladas con su imagen, la cual miraremos al pasar y tal vez demos una mueca de “gracia” al leer el título. Inconscientemente, recibimos el mensaje: ¿Por qué no ser infiel? ¿Qué tan malo puede ser? Después de todo, yo amo a mi hombre o mi mujer, y estar con otro no tiene nada que ver con el amor, sólo es sexo. Nada va a cambiar si una noche me dejo llevar por mis impulsos y satisfago mis deseos de otro hombre o mujer… Sólo son necesidades de la carne, mis verdaderos sentimientos no tienen nada que ver con eso…

Y así, una obra de teatro (como muchísimos productos de la mediatización) transmite ese mensaje. Y nosotros lo compramos. Y nuestras vidas transcurren sin que nosotros sepamos el significado de la palabra COMPROMISO, ya que cuando uno ama se compromete a entregarse a la otra persona dejando de lado al resto, así como cada uno se compromete a satisfacer las necesidades del otro en la medida de lo posible. Tampoco sabemos el significado de la palabra SACRIFICIO. Hombres y mujeres tenemos nuestros instintos “animales” y otras personas pueden despertar en nosotros el deseo sexual, pero cuando uno ama y se compromete está dispuesto a sacrificar la concreción de esos deseos porque respeta a su compañero y jamás podría lastimarlo deliberadamente. ¿Cómo puede una persona infiel mirar a los ojos a su pareja y decirle que la ama? ¿Será que tampoco tenemos en claro el significado de la palabra AMAR? ¿Que nos precipitamos a decirla y luego de repetirla demasiadas veces se torna vacía e insignificante? Tal vez debamos empezar por ahí…

Hoy por hoy, no nos importa ser infieles y no mirar con quién. Nos lo dice la TV y le hacemos caso. Las cosas pasan, todas son “experiencias” y nuestras relaciones pasan a ser un entretenimiento cuando estamos aburridos. Tampoco podemos estar solos, disfrutar de nosotros mismos y autoconocernos porque eso nos da miedo. Tener a alguien al lado nos da seguridad y una buena imagen social. Sin embargo, no nos damos cuenta de la importancia de conocernos, ya que ¿cómo voy a pretender que el otro me conozca y me entienda si ni yo lo hago conmigo? Y luego las culpas son del otro… Y así vivimos en un constante desgaste sentimental y moral en el que nada importa nada y nada vale nada. Ni nosotros mismos nos hacemos valer, todo nos da lo mismo… 

La pregunta es cómo llegamos a ser esto y cómo será nuestro futuro como personas y como sociedad, qué les diremos a nuestros hijos cuando con mucha liviandad nos cuenten que son infieles y no les importa con quién. 

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Nuestro complemento.

El hombre es el complemento de la mujer, no su enemigo. Nuestra unión puede generar fuerzas impensables…

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La disputa de la época.

Si antes las parejas permanecían unidas por el ‘Deber’ y no esperaban disfrutar de su relación, hoy las parejas se unen con una gran expectativa de ser felices y pasarlo bien. O sea, que lo que une a la pareja ya no es el ‘Sentido del Deber’ sino el ‘Sentido del Placer’. Cuando miramos a nuestro alrededor vemos que el ideal moderno de relación no es el de permanecer juntos a pesar de todo, sino el de estar continuamente enamorado, el de sentirse continuamente apasionado y sexualmente atraído el uno por el otro y así disfrutar de la vida juntos. Automáticamente abordamos nuestras relaciones con estas expectativas, y cuando estas no se cumplen hay dolor, hay sufrimiento.

Cuando termina la fase de ‘Luna de Miel’ (a los seis meses, al año, tal vez tres años) nos sentimos desilusionados. Cuando irrumpe el dolor, nos desmoronamos. No es lo que esperábamos, no es lo que habíamos proyectado. Y decimos: “Hay algo que no funciona en esta relación; ahora veo que no estamos hechos el uno para el otro. Buscaré a otra persona, alguien con quien pueda compartir más placer y menos dolor.”

Pero el ‘Modelo del Placer’ no es el único problema. Hay otro. Desde hace más o menos cien años las mujeres se han estado sublevando y han estado rechazando ser dominadas por hombres emocionalmente ausentes, inmaduros, arrogantes y a menudo físicamente abusivos. ¿Es esto un problema? No, no en sí mismo. Pero a medida que los hombres se van dando cuenta de la validez de las quejas de las mujeres y se hacen cargo de la demanda de que deben crecer emocionalmente caen en un estado de confusión y desánimo. Cada vez menos mujeres están dispuestas a ser sexualmente utilizadas o a correr detrás de su hombre, por un lado cuidándolo como a un niño y por otro buscando un supuesto sentimiento de admiración. Y los hombres, despojados de su superioridad, dejando de ser ‘cabezas de familia’, retroceden para dar espacio a esta ‘nueva mujer’. Corren tras ella, sirviéndole tazas de té, tratando de complacerla, pero esta clase de masculinidad débil las irrita aún más.

Mientras que antes (en los tiempos del ‘Modelo del Deber’) muchas parejas interpretaban el papel del ‘Papá poderoso y fuerte’ y la ‘Niña indefensa e inútil’, hoy (en los tiempos del ‘Modelo del Placer’) más y más parejas están atrapadas en el rol de ‘Mamá Enfadada – Niño Bueno’. Y las mamás no quieren sexo con sus niños pequeños, lo cual representa un ligero un problema para el ‘Modelo del Placer’.

Las mujeres tienen una memoria emocional que sorprende e impresiona a los hombres. En la pasión de su furia pueden sacar acontecimientos emocionales y datos que el hombre es incapaz de recordar. Mientras ella construye su caso con infinidad de ejemplos para probar la inmadurez y la incompetencia de su pareja (y la de todo el género masculino), para él es como estar delante de una metralleta sintiendo el dolor de las heridas de metralla. Perdido y atrapado en su dolor tiene que contraatacar, o huir, o ambos. Aquí el escenario puede variar un poco, pero básicamente es la misma batalla que se libra en millones de hogares. Es la disputa de la época.

¿Qué difuminaría la disputa de la época? Es precioso ver a las parejas compartiendo el sentido de su relación como un viaje. Un viaje en el cual el desarrollo de la masculinidad del hombre está apoyando el desarrollo de la feminidad de la mujer, y viceversa. Es precioso e inspira un gran respeto ver a los miembros de una pareja sintiéndose aliados, apoyándose y reforzándose mutuamente. Lo que se manifiesta entre un Masculino y un Femenino potenciados es impresionante. Y justamente este potencial grandioso es el que estalla de forma tan dolorosa, tan repetitivamente y tan inconscientemente en los millones de disputas entre parejas que tienen lugar en nuestra época.

http://parejacreadora.blogspot.com.ar/2011/01/la-disputa-de-la-epoca-por-mark-josephs.html

 

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