Archivo de la etiqueta: Feminidad

¿Una nueva feminidad?

La teoría de género puede ser considerada, sin duda, una de las aportaciones más novedosas y más discutibles a las ciencias sociales de las últimas décadas. Si bien la teoría de género es fruto del pensamiento feminista, no debe confundirse con éste, puesto que no se trata de una teoría sobre las mujeres sino que aborda la construcción identitaria de las personas al utilizar la palabra género en contraposición a sexo.

        Según esta teoría, el género es una construcción cultural a la que se adscriben roles sociales, aptitudes y actitudes a las personas en función de su sexo biológico. Podemos llegar a decir, por tanto, que hombres y mujeres se desarrollan simultáneamente: se llega a ser hombre o mujer a lo largo de todo un proceso en el cual intervienen agentes socializantes como la familia, la escuela y otras instituciones sociales.

        En nuestra cultura se han considerado tradicionalmente mujeres y hombres con características distintas e incluso opuestas, lo que ha generado creencias sobre lo que es femenino y masculino que sólo recientemente se han empezado a cuestionar. 

        Estas creencias o estereotipos tradicionales adscriben a la mujer ciertos valores y cualidades tales como la pasividad, paciencia, abnegación, ternura, sensibilidad, acción orientada a la familia, emotividad. Por el contrario, en el caso del varón el modelo tradicional le otorga las siguientes cualidades: racional, capaz de ejercer el control sobre su entorno medioambiental y social extradoméstico, amplia movilidad por el espacio público, independiente, egocéntrico, agresivo, sexuado, activo, dominador y con gran capacidad para ejercer autoridad y poder.

        Para algunos autores como el sociólogo Parsons, encontraríamos dos tipos de roles de género definidos institucionalmente, a saber: el rol instrumental y el rol expresivo. El rol masculino o instrumental estaría definido por características como la productividad, la eficacia, la inhibición de emociones, la actuación en busca del interés personal, la evaluación de los demás a partir de su rendimiento y la utilización de los demás como un medio y no como un fin en sí mismo.

        El rol femenino o expresivo, por el contrario, se definiría por la búsqueda de integración, la realización emocional, la cohesión de grupo, la estabilidad, la consideración del interés colectivo, la evaluación de los demás a partir de sus cualidades personales y la aceptación del otro como un fin en sí mismo y no como un medio. Según Parsons estos roles deben estar bien diferenciados para asegurar la propia supervivencia del sistema social.

         Sin embargo, desde hace unas décadas y sobre todo en el momento actual, aparece un nuevo modelo de feminidad, más vinculado al estereotipo de transgresora y que representa un valor en alza debido a su compatibilidad con las necesidades del mercado y del capital, que precisa incorporar mujeres como mano de obra de mercancía y como consumo. Esta nueva mujer se caracteriza por otras cualidades: ser independiente, tomar la iniciativa y dirigir su vida, combinar belleza con inteligencia y orientar la acción según sus propios intereses.

        La cuestión que uno se formula es si este nuevo modelo de feminidad resulta real y auténticamente expresivo de lo que es la feminidad o, simplemente, es la elaboración de otro tópico que, posteriormente, será también barrido.

        El primer feminismo, el de Simone de Beauvoir y otras, convirtieron a la mujer en una especie de hombre amputado. El feminismo de segunda generación, el que se está articulando hoy, muy unido a la sensibilidad ecológica, explora de nuevo la esencia de la feminidad y descubre elementos genuinos en el ser de la mujer que no responden a estímulos educativos y culturales. Quizás porque, contra la teoría de género, hay algo esencial en el ser de la mujer y en el ser del hombre que nunca jamás se puede borrar o transformar. Vamos por buen camino.

Francesc Torralba Roselló

feminidad sol

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Feminidad, Feminismo, Teoría de género

Hathor

“Hathor es una de las diosas más famosas del Antiguo Egipto. Era conocida como “La Grande de Muchos Nombres” y sus títulos y atributos son tan numerosos que formaba parte de todos los aspectos de la vida y la muerte de los egipcios de la antigüedad. 
Era una diosa celestial, conocida como la “Dama de las Estrellas” o la “Soberana de las Estrellas”, ya que se le vinculaba a la estrella Sirius, también conocida como Alfa Canis Maioris, la estrella más brillante de todo el cielo nocturno vista desde la Tierra.
Como “madre de las madres” era la diosa de las mujeres, la fertilidad, los niños y el parto. Su poder abarcaba todo lo que tenía que ver con las mujeres, desde los problemas para concebir o en el parto, hasta la salud, la belleza y las cuestiones del corazón. Sin embargo, no era adorada exclusivamente por las mujeres, y a diferencia de otros dioses y diosas, tenía tanto sacerdotes como sacerdotisas.
También era la diosa de la belleza y patrona del arte cosmético. Su ofrenda votiva tradicional eran dos espejos, por lo que con frecuencia se le representaba en espejos y paletas de cosméticos. Sin embargo, no se consideraba que fuera vana o superficial, sino simplemente segura de su belleza y bondad, por lo que amaba lo bello y lo bueno”.

hathor1

Deja un comentario

Archivado bajo Antiguas Creencias, Feminidad, Religión

El por qué de Artemisas.

Porque no nos sentimos representadas como mujeres por ningún movimiento o agrupación en Argentina.

 

Porque creemos que llegó la hora de abrir nuestros ojos y contemplar la situación real de la mujer en nuestro país y en el mundo; ya hemos mirado a un lado por demasiado tiempo.

 

Porque pensamos que nos es necesario re-encontrarnos con nuestro lado espiritual, nuestra sensibilidad y nuestra intuición que nos caracterizan como mujeres y que se encuentran perdidas en el trajín de la vida moderna.

 

Porque no nos satisface que nos digan qué pensar y hacer con nuestras vidas y con nuestros cuerpos; promovemos un pensamiento crítico de todo lo que se nos intenta convencer a través de medios masivos y modas. 

 

Porque vemos demasiadas falencias en la “liberación femenina” en la cual nos quieren hacer creer, y promovemos ponerla bajo la lupa y descubrir qué tanto nos beneficia.

 

Porque consideramos que es necesario tratar ciertos temas “tabú” de los cuales nos han hecho pensar ciertas cosas, pero tal vez no los hemos evaluado por nosotras mismas.

 

Porque creemos firmemente que valores como la lealtad, el honor, la solidaridad, el sacrificio, la valentía y la honestidad, que están tan pisoteados en nuestra sociedad actual, deben ser rescatados, y es función tanto de hombres como de mujeres hacerlo; debemos formar parte de esa ardua tarea.

 

Porque, al contrario de lo que nos han inculcado los movimientos feministas, sostenemos que nuestro lugar no está en contraposición al hombre sino a su lado, luchando codo a codo por vivir en un mundo mejor.

 

Porque sentimos que dentro nuestro hay grandes guerreras que buscan despertar y son acalladas por el miedo a los prejuicios o por el desgano que nos da la falsa percepción de que nada va a cambiar; proponemos animarnos, hacer sentir nuestras voces y defender nuestra imagen. 

 

Porque consideramos que la mujer tiene un papel de suma importancia en la lucha contra el sistema que oprime a nuestro país y al mundo; como madre de futuros ciudadanos, como esposa o compañera de hombres luchadores, como amiga leal y consejera, como hermana e hija, como profesional, trabajadora o ama de casa, todas tenemos valiosas virtudes para pelear por el cambio que necesitamos por un mejor presente y el futuro de las próximas generaciones. Sólo necesitamos unirnos.

 

Porque para nosotras es sumamente importante que todas ustedes formen parte del cambio… Mujeres… ¿Están dipuestas a unírsenos?

 

“Esclavo es aquel que espera por alguien que venga y lo libere”. (Ezra Pound)

Lathgertha_by_Morris_Meredith_Williams cut

Deja un comentario

Archivado bajo Argentina, Artemisas, Espíritu Guerrero, Feminidad

El misterio de la divinidad femenina.

“El misterio de la divinidad femenina nos habla desde dentro de su creación. No es un dios distante en el cielo sino la presencia de lo que está aquí con nosotras, necesitando nuestra respuesta. Ella es lo divino volviendo a reclamar su creación, la incógnita real de lo que significa estar viva. La hemos olvidado, como también hemos olvidado mucho de lo que es sagrado, y aún así ella es siempre parte nuestra. Pero ahora ella necesita hacerse conocer otra vez, no sólo como un mito, una imagen espiritual, sino como algo que pertenece a la sangre y el aliento (…) Ella puede ayudarnos a dar a luz a la divinidad que está en nuestro interior, a la unidad que está a nuestro alrededor. Ella puede ayudarnos a recordar nuestra verdadera naturaleza”.

3

Deja un comentario

Archivado bajo Antiguas Creencias, Espiritualidad, Feminidad, Religión

El honor de ser mujer.

Hombres necios que acusáis a la mujer… ¿Sin razón?

Desde hace ya varios años ha sido notable como en su gran mayoría las mujeres actuales han perdido la esencia de su femineidad. Muchas podrán argüir que la anterior afirmación es falsa, basándose en el hecho de que hoy en día podemos ser más “femeninas” porque se nos está permitido usar grandes escotes o diminutas polleras. Es con ellas, la gran mayoría, con quienes difiero. Y a raíz de mis sistemáticas observaciones a decenas, centenas y miles de mujeres es que mi análisis me ha llevado a concluir lo siguiente: estas mujeres han adoptado un concepto de femineidad totalmente tergiversado por los que desean hacer de ellas meramente un objeto carente de valor.

Pongamos bajo la lupa a las mujeres actuales. En muchos casos manifiestan una falta de espiritualidad y buscan llenar su vacío emocional mediante la acumulación de adquisiciones materiales. Para que esta tarea les sea más fácil, se ha impulsado la creación de incontables shoppings y enormes tiendas que las puedan alojar por horas durante una maratón de compras que las mantenga entretenidas y, mientras tanto, deje rédito económico a las grandes marcas. La idea de que el consumismo es un buen remedio para la depresión ha sido fomentada en series de TV, películas y otros productos mediáticos que suelen tener llegada en las mujeres. Sin embargo, no se promueve en tal medida el autoanálisis, el contacto con nuestro ser femenino interior, la valoración de nuestra espiritualidad y todo aquello que nos anime a trascender como mujeres más allá del plano material.

En el caso de las más jóvenes, está a la vista como no sólo se desvalorizan espiritualmente, sino también físicamente. Debido al auge de ciertas modas (también apodadas “tribus urbanas”), las mujeres que quieren sentirse “diferentes” atentan contra sus cuerpos con todo tipo de perforaciones de distintas formas y tamaños, como así mismo tiñen sus delicadas pieles con incontables tatuajes. A partir de entonces, transforman lo que naturalmente ha sido digno de la adoración por parte del sexo opuesto en un mero cúmulo de metales y tintas.

Otra manera en que las jóvenes mujeres devalúan sus cuerpos es ofreciéndolos, sin reparo alguno, a la exposición pública. Mientras que antiguamente el cuerpo de la mujer era tan sagrado (para ella y por ende así lo veían también los hombres), hoy por hoy, se ha convertido en simplemente carne. El hombre ya está habituado a ver mujeres cuasi desnudas – y completamente desnudas – en la vida cotidiana, tanto en los medios de comunicación masiva como en cualquier ámbito en que se encuentre con ellas: trabajo, comercios, gimnasios, bares, lugares de socialización o en plena calle. Los hombres, entonces, se encuentran bombardeados por esbeltas figuras que se muestran sin tapujos en todo momento del día y en cualquier lugar, y, lógicamente, éstas despiertan sus más bajos instintos… Y lo que antes era respetuosamente admirado, pasó a ser objeto de uso para la pura satisfacción de placeres carnales. Y es aquí cuando también debe notarse que la mujer ha perdido su orgullo. La entrega de sus pasiones sexuales solía ser destinada al hombre a quien ella elegía por sus atributos físicos, espirituales e intelectuales, y con quien se comprometía a compartir un futuro. En la actualidad, la mujer promedio no duda en ofrecer su cuerpo al primer hombre (y por qué no, mujer) que se cruza por su camino, con el sólo objetivo de saciar su sed de placer y sin pensar en el desgaste del valor de su imagen y femineidad. Y otra vez (¿casualmente?), este tipo de hábitos es avalado y promovido por muchos productos mediáticos, lo que hace que estas tendencias se asienten y pierdan la seriedad con que deberían verse.

Como consecuencia de la previamente mencionada promiscuidad reinante en las mujeres actuales, es creciente el número de embarazos no deseados, y por ende crece también la desvalorización del rol de la mujer como madre. Tradicionalmente, la mujer ha sido la encargada de criar y educar a sus hijos para constituir una familia sana que deje una descendencia digna de prosperar. No es en verdad nada exagerado decir que es la mujer, en su rol de madre, quien conforma la base sólida de una familia. Pero, ¿cómo será eso posible si esta mujer que debe ser un pedestal no está siquiera preparada para cuidar de sí misma? ¿Cómo puede cimentar esta estructura cuando no hubieron ni remotos planes de que existiera? ¿Cómo puede llevar a cabo tan sacrificada tarea si ni siquiera ama al que será el otro sustento de su futura familia?

Todas estas actitudes por parte de las actuales mujeres son patrocinadas por los grandes movimientos “feministas”, que nos alientan a las jóvenes – y no tan jóvenes – a desprestigiarnos como mujeres, tratando de convencernos por todos los medios posibles de que debemos ser iguales o más que los hombres, pese a que en el camino perdamos nuestra sensibilidad y espiritualidad, nuestro cuerpo, nuestro orgullo y nuestro valor como ser procreador en el mundo. Buscan persuadirnos levantando las banderas de nuestros derechos, pero en realidad están matando la esencia de nuestra femineidad y creando una falsa que se adapte a sus intereses. Nos están despojando de nuestros valiosos tesoros y dejándonos vacías en una vertiginosa corriente…

Es por todo esto que, si nos amamos a nosotras mismas, debemos despertar; reaccionar frente al desafío de ser mujer y asumirlo. Debemos mirarnos a los ojos y decidir qué queremos como mujeres. Ningún hombre, ni otra mujer, nos respetará ni valorará a menos que primero nos respetemos y valoremos a nosotras mismas. No podemos condenar al resto por denigrarnos si somos en realidad nosotras quienes nos hacemos daño y nos autoengañamos para eximir nuestras culpas.

El mundo necesita mujeres de verdad para que también existan hombres de verdad. Como mujeres, animémonos a redescubrir nuestra femineidad y cuidémosla celosamente como nuestra joya más preciada.

Melisa Carucho

Agosto 2013

2

Deja un comentario

Archivado bajo Argentina, Artemisas, Espíritu Guerrero, Feminidad