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MILEY, MADONNA, PUSSY RIOT Y FEMEN: DIME CON QUIÉN ANDAS…

Esta semana Miley y Madonna estuvieron juntas en un escenario de MTv haciendo un número que incluyó nalgadas y todo eso a lo que nos tienen (lamentablemente) acostumbrados. No es sorpresa que Madonna sea la ídola de Cyrus; ya lo mismo había sucedido con un anterior producto de la fábrica Disney y seguidora de la “reina del pop”, Britney Spears. Tras seguir sus pasos, la “princesita” dio un tropezón que casi es caída (recordemos que pasó por divorcio, alcoholismo, tristes escenas en público y desórdenes que llevaron a que le quitaran la tenencia de sus hijos). Es evidente que Miley va por la misma senda escandalosa y degradante, y ahora su lengua cuenta con el tutelaje de la abuela Madonna.

Dicha señora también ha sido noticia en estos días tras declarar que se encuentra deseosa de compartir escenario con las recientemente liberadas integrantes de “Pussy Riot”, una banda punk feminista rusa. Estas chicas habían estado en la cárcel desde marzo de 2012 por “vandalismo” e “incitación al odio” cuando cantaron una “oración punk” en contra del presidente ruso Vladimir Putin en una catedral de Moscú. Por su parte, Madonna expresó: “Tengo el honor de presentar a mis compañeras combatientes por la libertad”, con quienes abrirá un concierto organizado por Amnistía Internacional, justo antes de los Juegos Olímpicos de Invierno del mes próximo. 

¿Y Femen? Bueno, como ya sabemos cualquier excusa es buena para que Femen salga a desnudarse en la vía pública, pero en este caso el asunto tiene un interés importante para la agrupación. Reiterando lo que ya hemos observado en varias ocasiones, Femen no sale a la calle sólo por exhibicionismo sino también por defender los intereses políticos de cierto sector de Ucrania (no por nada su líder es Anna Hutsol, hija de un ex Miembro del Parlamento ucraniano, Mikhail Hutsol, asociado al magnate mediático Vadim Rabinovitch – ¿hace falta decir más?). Por ende, que Putin haya encarcelado a tres feministas de género le vino como anillo al dedo a Hutsol para mandar su ejército nudista rabioso a la yugular de Putin, a quienes varios Ucranianos le tienen bastante resentimiento por haber disuadido al presidente de dicho país a no formar parte de la Unión Europea… Entonces… Femen no es más que una herramienta política, ¡y no es para nada una mala jugada! Pero dejémonos de pavadas como que “defienden a la mujer, la libertad y los derechos humanos”, porque Femen tiene menos de buenas y puras intenciones que Madonna de virginidad.

Desde las montañas rusas de Disney, pasando por las limusinas de Hollywood hasta las cárceles rusas y los pechos de las Femen: todo queda en familia. Todas y cada una cumplen su pequeña tarea en la maquinaria del sistema, y nosotras, las mujeres que vivimos la vida real y tratamos de superarnos y enorgullecernos de lo que somos (porque, a diferencia de estas feministas, no renegamos de ser mujeres, sino que nos esforzamos por ser mejores mujeres) quedamos absortas contemplando todo este circo en el que claramente ya se pueden ver los piolines de las marionetas. La pregunta es: ¿Todas nos damos cuenta de que es un espectáculo? ¿Todas vemos que nos tratan de convencer de que si no somos putas, o de lo contrario, HOMBRES, no somos mujeres? ¿Por qué no nos dejan ser MUJERES y ya? ¿Qué amenaza representa que seamos verdaderas mujeres? ¿Será que podemos llegar a crear ciudadanos dignos que no toleren a los gobiernos de turno y llegue la tan temida revolución? Por lo pronto, saquémonos un poquito las vendas de los ojos y despabilémonos del sopor en el que estamos metidos.

collage madonna final

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“QUE MILEY CYRUS SEA UN EJEMPLO PARA VOS”.

Carta de una madre a su hija:

“Querida hija, dejá que Miley Cyrus sea un ejemplo para vos.

Si, eso es lo que sucede cuando de forma constante escuchás que todo lo que hacés es maravilloso. Eso es lo que pasa cuando la gente se lanza sobre cada foto que subís a Twitter o Instagram. Eso es lo que pasa cuando no hay un adulto responsable que te diga “no”, que te obligue a cambiar de ropa antes de salir de la casa o que te haya dado una suave nalgada ante un berrinche.

Si alguna vez considerás hacer algo similar a lo que hizo Miley, te prometo que haré lo mismo para que veás lo ridícula que te ves. Te taparé la boca con cinta, de modo que no podás sacar la lengua como un perro cansado. Golpearé a cualquier sujeto contra el que decidas restregar tu cuerpo pero antes te golpearé por poner tu trasero sobre una pelvis masculina en público, ignorando cómo se comporta una dama ante la gente.

¿Por qué haría todo eso? Porque te quiero y quiero que te respetés a vos misma. Miley Cyrus no está siendo arriesgada, ni “cool” ni sexy. Ella es una chica desesperada pidiendo -a gritos- atención: ‘véanme. Díganme que soy hermosa. Vean qué tan ardiente soy. Todas las muchachas quieren ser como yo‘. 

Posiblemente conocés a otras muchachas que imitan su comportamiento en el colegio. No lo hagás, por favor. Sos demasiado valiosa como para venderte tan barato. Alejate de ellas. Dejá que los muchachos babeen y mantené, en tu corazón, la claridad de que lo único que ellos ven es un cuerpo que podrán usar para su placer y después será desechado. 

Siento mucho si alguna vez te has sentido triste porque yo no he alabado todo lo que hacés. Mi papel en la vida es dar valor a las cosas que lo merecen pero también ofrecer crítica constructiva, guía y corrección cuando sea necesario. Lo siento si te has sentido desmoralizada porque no hay miles de seguidores en tu cuenta de Instagram y si esas fotos de tu cuerpo no logran capturar toda tu belleza real. Lo siento si has querido tener una amiga en lugar de una mamá… Te aseguro que es muy probable que yo me vuelva mucho peor cuando ingresés al colegio. 

Querida hija, voy a pelear o morir en el intento tratando de evitar que te convirtás en una de las miles de Miley Cyrus que hay en el mundo.

Me lo agradecerás después“.

Ojalá existan muchas madres como ésta, quienes decidan hacerse cargo del deber de concientizar a sus hijas (y a sus hijos también) para que aprendan que mujeres como Miley no son verdaderas mujeres, sino productos que el sistema utiliza para esclavizarnos como sociedad. Miley Cyrus, MTv, la industria de la música y los multimedios también significan “violencia de género”: nos golpean y escupen en nuestras caras cada vez que tenemos que ver la reducción de la mujer a un objeto de consumo y estupidización. Sin embargo, mientras sigan existiendo madres como la autora de esta carta, existen las fuerzas para el cambio y la voluntad en contra del sistema.

miley

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Revolución Sexual, erotismo y wrecking balls.

Las consecuencias de la revolución sexual pueden verse por doquier en nuestra vida cotidiana: desde la opinión de las personas que nos rodean hasta lo que los medios de comunicación intentan transmitirnos. Basta prender el televisor o abrir una página de internet para encontrarnos con imágenes eróticas, imágenes de homosexualidad, mujeres desnudas, bailes sexuales… Videos pornográficos circulan como moneda corriente en grupos de WhatsApp… Nos acostumbramos a esto; el bombardeo es habitual, pero, ¿es normal? ¿De dónde proviene esta característica de nuestros tiempos?

 

Quisiera detenerme particularmente en un caso de imágenes de excesivo erotismo de los últimos días. Recientemente, la joven cantante Miley Cyrus lanzó el videoclip de su nueva canción Wrecking Ball1. En el video, la artista se presenta completamente desnuda, sentada sobre una bola de demolición, haciendo movimientos “sexy” y, según mi opinión, de alto contenido erótico. Este video es un simple caso particular de lo que abunda en nuestra cultura actual: un llamado constante a la exaltación del sexo. Y no es la primera estrella pop que realiza este tipo de presentaciones: es más bien la tendencia que prevalece. Podrían nombrarse más ejemplos, como Britney Spears o Christina Aguilera. Empiezan siendo inocentes cantantes teen, admiradas por niñas, preadolescentes y adolescentes, para luego convertirse en sex symbols, en mujeres altamente provocadoras, que desafían límites constantemente. Parece ser una competencia por ver quién se anima a más, quién sale con menos ropa, quién es más provocadora, quién hace lo más “raro” en público (como cuando Madonna y Britney Spears se besaron en una entrega de premios hace ya diez años). Y lo que es más grave, aun habiendo adquirido estas nuevas características, siguen siendo admiradas por niñas, adolescentes y jóvenes.

 

Ahora bien, ¿de dónde proceden este tipo de manifestaciones? ¿Qué es lo que impulsa esta actitud de rebeldía y falta de pudor?

Claramente, estamos viviendo las consecuencias del movimiento de revolución sexual de los años ´60 y ´70. Motivada principalmente por la búsqueda de ruptura, de liberación y de quiebre con las pautas establecidas, la revolución sexual nos ha dejado ya sin ninguna pauta, sin límites, sin parámetros. O más bien, nos ha dejado una única pauta: libertad absoluta. Por tal motivo, en nuestra cultura actual, “el género —ya no la sexualidad— se elige y la obscenidad se festeja; el acto sexual corresponde sólo a la libertad y el matrimonio se define por la sentimentalidad y el erotismo; la familia es una institución opresora y la prole un límite a la autonomía.”2

Dentro de esta liberación, incluimos especialmente la de la mujer. Por eso, la mujer de hoy puede mostrarse como quiera, hacer lo que quiera, ya no está más sometida a lo que la sociedad le diga, a lo que el hombre le diga, a lo que nadie le diga. ¡La mujer se liberó! Entonces, si quiere filmar un videoclip desnuda, lo hace, porque no hay nada ni nadie que se lo prohíba. Todo lo contrario: la misma sociedad la impulsa (¿u obliga?) a eso.

Con referencia a esto último, cabría preguntarse: ¿estamos ante una real liberación? ¿Se puede hablar de verdadera libertad? ¿No nos habremos convertido en esclavos del sexo, de la manifestación obscena, de la falta de privacidad? ¿No seremos ya esclavos de la misma revolución sexual? ¿No será Miley Cyrus esclava del mandato “cuanto más rebelde, mejor”? La mujer luchó y lucha por sus derechos, pero portando un arma de doble filo que parece dejarla presa de su propia liberación. Sus derechos se convirtieron en obligaciones, en mandatos ineludibles que, en mi opinión, no hacen más que infravalorarla.

 

Aquí aparece, según mi punto de vista, una interesante inconsistencia entre las ideas feministas que subyacen a nuestra cultura y ciertos intereses que permanecen detrás. Por un lado, como fue recién mencionado, luego de la revolución sexual la mujer aparece como liberada, absoluta dueña de sí, protagonista. Rechaza cualquier tipo de sometimiento, especialmente el sometimiento por parte del hombre. Como bien lo explica Simone de Beauvoir, la mujer no quiere ser más lo Otro para un absoluto masculino que la domina.3 La mujer quiere decidir, desarrollarse profesionalmente, ser autónoma. Una de las consecuencias es, entonces, la erotización, la separación del sexo y la vida familiar, la sola búsqueda de placer. Ahora bien, por otro lado, detrás de esta erotización, también se esconden intereses masculinos: la mujer sigue siendo su objeto sexual; quizás ahora más liberado, más público, con menos pudor, pero objeto sexual al fin. ¿Acaso no sigue siendo la mujer una gran víctima del sometimiento masculino, de la complacencia de sus deseos y de su consumo? Esto se mantiene así desde el primer lanzamiento de la revista Playboy en los años ´50: la aparente liberación lleva solapada la más denigrante cosificación de la mujer.

 

Considero que es fundamental encontrar un equilibrio entre la absoluta liberación y el absoluto sometimiento. Y este equilibrio será encontrado principalmente a partir de una correcta interpretación de la dignidad humana y la libertad. Es válida la postura de la revolución sexual y la segunda ola del feminismo en cuanto ponen sobre la mesa profundas desigualdades y abusos que sufría la mujer. Mujeres y hombres comparten la naturaleza humana y, como consecuencia, comparten su dignidad. Ambos son merecedores de derechos. Ambos pueden desarrollarse profesionalmente, laboralmente. Ahora bien, esto no significa que todas las características de la mujer sean una construcción del hombre que intenta someterla. El reconocimiento de la dignidad de la mujer y de sus derechos no puede implicar una emancipación absoluta de todo lo que es natural a ella, de su posición dentro de la familia, de su rol de madre. La liberación no puede ser, además, ausencia de pudor, ausencia de intimidad, ausencia de límite. Reconocer los derechos de la mujer no implica necesariamente la negación del límite, de la naturaleza, sino más bien una correcta lectura de ella, una mirada despierta ante lo que la realidad nos dice. Sólo desde allí surgirá el verdadero obrar libre, el que nos permitirá desarrollar lo propio a través de una adecuada visión integral de lo que es la persona. En cuanto sigamos convirtiendo a las mujeres en objetos sexuales de compra-venta, en cuanto sigamos permitiendo que nuestra sociedad produzca figuras como Miley Cyrus, no habremos alcanzado una real revolución que conduzca hacia la plenitud, sino más bien un movimiento regresivo, autodestructivo de la propia libertad y de los valores más profundos, que parecen quedar escondidos debajo de revistas Playboy y destruidos por wrecking balls.

Por Lucila Coll. 

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